El papel del Diálogo Abierto en la resolución de conflictos de valores

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Una onda de populismo está dominando en Europa y América del Norte, lo que ha generado un sentimiento de impotencia y desconfianza. Los líderes populistas como Donald Trump o Marie Le Pen afirman que la globalización beneficia a los ricos y que la migración debilita los valores occidentales y desprotegen a los países frente a los terroristas. Además, sostienen que nuestros gobiernos han sido tomados por “élites”, a quienes culpan por la actual crisis.

Nuestros gobiernos comparten la culpa por esta alza en el populismo. En una democracia, el debate público y las consultas deben informar a los ciudadanos y ofrecerles una voz sobre los asuntos de su interés. Sin embargo, el debate de hoy está muy ensayado, es partisano y, en gran medida, improductivo. En cuanto a la consulta, aunque existen buenos procesos, muchas veces las cosas salen mal: el proceso está secuestrado por grupos de interés que “manejan” los funcionarios de gobierno o llegan a conclusiones desconectadas con los intereses del público.

La gente se siente desconectada de sus gobiernos y con impotencia para hacer algo al respecto. La percepción es que no podemos confiar en que los gobiernos harán su trabajo. La siguiente gráfica de Ekos Research de Ottawa ofrece una descripción de esta tendencia en Canadá y en Estados Unidos:

Creo que existe una clara conexión entre esta falta de confianza en el gobierno, la condición desalentadora del debate público y el alza del populismo de la “posverdad”.

¿Cuáles son los defectos de la consulta? ¿Podemos arreglarlos?*

Los procesos tradicionales de consulta son así: primero, el gobierno escucha las opiniones de los ciudadanos. Después, a puerta cerrada, discute lo que escuchó. Finalmente, toma decisiones que, en su opinión, son por el bien de la comunidad. A veces este proceso funciona bien. Por ejemplo, consultar al público sobre sus opiniones sobre cómo mejorar un programa de capacitación de gobierno podría ser muy útil. Sin embargo, una vez que concluyen las discusiones a puerta cerrada, los participantes esperan saber cómo se utilizaron sus opiniones.

Esto significa que los funcionarios deben ofrecer argumentos para fundamentar sus decisiones y explicar en en qué medida consideraron las opiniones de las personas en la decisión final. Esta será la verdadera prueba de un proceso exitoso. El respeto a la opinión de los derechos es lo que hará que la participación realmente tenga sentido.

La verdad es que muchos de los procesos de consulta nunca pasarán esta prueba, a pesar de la capacidad y de las buenas intenciones de los funcionarios. El siguiente ejemplo de un gobierno local nos demuestra por qué. Un hospital de Ottawa, Canadá está planeando construir un nuevo campus en un predio que fue transferido de Experimental Farm, un sitio histórico. Un tema central es definir si el hospital debe limitar radicalmente el número de espacios de estacionamiento para proteger la belleza escénica de la tierra.

Esta discusión va más allá del tránsito y los árboles, es un tema de valores. Algunas personas piensan que el valor de la finca es mucho más grande que los espacios de estacionamiento que podrían crear. Otros están en desacuerdo. Estas diferencias no se pueden discutir de la misma forma que los temas técnicos o financieros, por lo que se deberá haber un equilibrio.

Tomar estas decisiones a puerta cerrada seguramente generará división, pues en el proceso habrá ganadores y perdedores, pero si las personas participan en la discusión, será mucho más probable que acepten el resultado.

El Diálogo Abierto es una técnica para diseñada para resolver estos conflictos de valores de forma más justa y darle a la comunidad un papel en estas discusiones. No es un festival de discursos. El Diálogo Abierto necesita de un serio compromiso, trabajo y reglas serias para la participación. Los participantes deben escucharse entre sí y tomar las opiniones de los otros con respecto. Los retos del Diálogo Abierto nos impulsan a ver el debate como un esfuerzo conjunto para buscar un escenario en el que ambas partes tengan resultados y no como un concurso para ganar. Les enseña a las personas que los temas más complejos casi nunca tienen soluciones sencillas y que cuando las discusiones se dan así, normalmente nadie gana.

Pero seamos claros, no en todas las discusiones todas las partes pueden ganar. Muchas veces habrá ganadores y perdedores y el Diálogo Abierto no va a cambiar esto. Es importante notar que no es una panacea para todos nuestros problemas. Quiero concluir volviendo al tema de la confianza. El Diálogo Abierto puede construir confianza, pero además necesita confianza: debe haber confianza entre los participantes para lograr respetar las decisiones tomadas en conjunto. El gobierno debe confiar en el proceso y en los participantes para identificar recomendaciones útiles.

Open Dialogue no es la respuesta a todos los problemas de la globalización y de la democracia, pero es un muy buen punto de partida para reconstruir la confianza en el gobierno y refutar la idea de los populistas que nuestros gobiernos han sido tomados por élites.

Dr. Don Lenihan
Asociado senior, Canada2020
@DonLenihan

*Las ideas expresadas en este artículo se exploran con más detalles en “¿Diálogo Abierto?” y es la respuesta al “Populismo de la posverdad” el cual se puede descargar sin costo en: www.Canada2020.ca

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