El movimiento de los chalecos amarillos y la urgencia de actualizar la democracia

En su más reciente plan de acción, Francia incluyó 21 compromisos para un gobierno más transparente y colaborativo. El movimiento de los chalecos amarillos está demostrando (una vez más) que es urgente implementar los compromisos de la Alianza para el Gobierno Abierto para mejorar la rendición de cuentas, empoderar a los ciudadanos como actores activos y participantes de las decisiones públicas y ofrecer mejores servicios a los usuarios.

Los chalecos amarillos de Francia es un movimiento social complejo que está señalando las injusticias sociales de un sistema político que ha excluido a muchas voces desde hace décadas. El movimiento demuestra los efectos negativos de la falta de mecanismos de transparencia en nuestra arquitectura institucional. Si los chalecos amarillos se están manifestando, es ciertamente porque no fue posible tener un diálogo institucional y porque no encontraron un canal de comunicación oficial para colaborar con los tomadores de decisiones.

Este movimiento es un síntoma de la necesidad de actualizar nuestras democracias. Organizado a través de grupos de Facebook, los chalecos amarillos es un movimiento que no tiene líderes y que está poniendo en tela de juicio los procesos de toma de decisiones verticales y jerárquicos. Necesitamos una democracia más horizontal, ágil y descentralizada que se alinee con la forma en la que la sociedad civil se está organizando a través del internet. Las redes sociales no fueron diseñadas para fines políticos como lo demuestran las fake news, la polarización y la intervención extranjera. Como una lección aprendida de las fallas de las redes sociales, podemos impulsar cambios institucionales con la creación de plataformas diseñadas específicamente para la expresión política que sean transparentes y democráticas y que rindan cuentas.

Nuestra respuesta a esta crisis debe estar a la altura. Es urgente reforzar nuestras democracias a través de una serie de iniciativas participativas de impacto. En nuestras manos está el futuro del pacto social y, de alguna manera, de nuestra democracia. Algunas iniciativas ya han empezado a surgir en Francia: ciudadanos que cuestionan a su gobierno, consultas legislativas, un espacio colaborativo en el parlamento, más de 80 presupuestos locales participativos y docenas de experimentos participativos. Tenemos que escalar las iniciativas locales e incorporar mecanismos participativos de impacto en el proceso institucional de toma de decisiones. En enero, en Francia se desarrollará una reforma constitucional: aprovechemos esta oportunidad para institucionalizar estos mecanismos.

Principios constitucionales y legales para fortalecer la confianza ciudadana y la participación

El movimiento de los chalecos amarillos es el reflejo de la falta de confianza en nuestras instituciones democráticas. Un estudio reciente demuestra que solamente el 30% de los ciudadanos de Francia confía en sus representantes electos (el presidente y los miembros del parlamento) y que el 61% cree que su democracia es disfuncional. Pero, aun con tasas de abstención muy altas, el 78% cree que las democracias, aunque fallidas, son el mejor sistema. Necesitamos urgentemente regresar a los ciudadanos a las instituciones democráticas y recuperar su confianza, pues la democracia es el único medio equitativo y pacífico para la deliberación y representación política. Como respuesta a la falta de confianza, el presidente de Francia Emmanuel Macron reconoció al voto nulo como una nueva expresión democrática.

Hace un año, propuse la incorporación de la participación ciudadana como derecho constitucional, con el parlamento como garante de ello[1]. Naturalmente, estos principios constitucionales no resolverán la crisis democrática que estamos enfrentando, pero legitimarán las demandas ciudadanas de mecanismos de participación y establecerán el marco legal para una democracia participativa más sólida. Tendremos que complementar estos principios constitucionales con apoyo no legal como fondos públicos y la educación cívica.

Un mecanismo de peticiones para incluir a los ciudadanos en la arquitectura institucional

El movimiento de los chalecos amarillos empezó con una petición en línea que llegó a más de 1 millón de personas. Los ciudadanos están participando de manera activa en foros en línea como Facebook, Twitter, Change.org, Make.org y Reddit. Pero ninguna de estas plataformas está institucionalizada, por lo que sus voces no se escuchan en los espacios democráticos. ¿Qué hubiera pasado si la petición se hubiera dirigido al parlamento, se hubiera discutido y hubiera sido tomada en cuenta en las discusiones fiscales antes de que el voto por el impuesto a los combustibles resultara en las protestas?

Tenemos que revisar el mecanismo de peticiones para fortalecer su impacto institucional y simplificar sus procedimientos. Este mecanismo participativo y de abajo hacia arriba puede permitir a los ciudadanos influir en el diseño de la agenda del parlamento y así lograr un impacto concreto en el proceso de toma de decisiones. El 62% de los ciudadanos de Francia cree que debemos tener referéndums sobre las decisiones de política más importantes. Debemos atender esta demanda de participación ciudadana a través de una conversación muy seria sobre el marco y el procedimiento a seguir.  

Mecanismos participativos para una política fiscal más justa

El movimiento de los chalecos amarillos está exigiendo al gobierno – y a nosotros – revisar el sistema fiscal y el gasto público. Necesitamos incorporar a los ciudadanos en las discusiones fiscales para establecer un sistema fiscal más justo y un nuevo pacto social. La implementación de un presupuesto nacional participativo podría hacer nuestro sistema fiscal y los gastos públicos más transparentes, colaborativos y representativos. Esta nueva forma de diseño de políticas participativo puede renovar la confianza entre los ciudadanos y sus representantes y promover un debate nacional sobre impuestos y justicia social. Podemos imaginar la creación de un presupuesto participativo con ingresos fiscales diseñados espáticamente como los impuestos al combustible o la propuesta de impuesto digital. Como ciudadanos, esto nos podría dar una voz sobre cómo queremos abordar la transición energética o la revolución digital, juntos como sociedad democrática.

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Francia no es el primer país ni será el último en enfrentarse al descontento social. En todo el mundo, las sociedades están buscando impulsar una renovación democrática como lo hemos visto en el movimiento de los girasoles de Taiwán, los indignados de España o los escándalos políticos de Estonia. Dichos movimientos se han traducido en una participación democrática efectiva en línea y en persona. En Taiwán, el gobierno abrió el proceso de toma de decisiones en temas importantes. En Madrid, la plataforma Decide Madrid le da a los ciudadanos la oportunidad de proponer la creación de nuevas leyes. En Rahvakogu, los ciudadanos pueden proponer ideas sobre el futuro de la democracia de Estonia. Hoy tenemos la oportunidad de renovar la democracia de Francia transformando el contento social que ha evidenciado el movimiento de los chalecos amarillos y aprovecharlo para lograr un cambio constructivo.


[1] En términos prácticos, esto implica agregar un nuevo principio al artículo 1: “La nueva ley garantiza la participación de los ciudadanos en la promulgación de normas públicas y el desarrollo de políticas públicas” y una nueva misión parlamentaria al artículo 24: “cada uno de sus miembros [del parlamento] promueve la participación de los ciudadanos en la vida pública.” Para mayor información:  http://www2.assemblee-nationale.fr/static/reforme-an/democratie/Rapport-1-GT6-democratie.pdf

Authors: Paula Forteza
Tags: Espanol