Impuestos para los pobres que benefician a los ricos: Corrupción y desigualdad

Muchas veces me he preguntado qué impacto tendría hacer mi trabajo desde un país en vías de desarrollo, no desde uno desarrollado, en mi razonamiento sobre la desigualdad. Un tema en el que he notado un cambio es en mi impresión de la corrupción y su importancia para la desigualdad. Cuando viví en Malawi, le escribí a Kevin Watkins, el entonces director del equipo de política de Oxfam, pidiéndole que dejara de llamar a la cancelación de la deuda de Malawi, pues el dinero simplemente sería gastado por el gobierno corrupto. Después, regresé al Reino Unido y me dediqué muchos años ¡a luchar por la cancelación de la deuda de Malawi y de muchos otros países! Creo que la verdad está entre ambos extremos.

No creo que la corrupción sea el único factor que defina si un país se desarrolla o no. Ha Joon Chang lo explica excelentemente en su libro Bad Samaritans, en el que compara el desarrollo de Zaire y de Indonesia. Ambos países tenían dictadores enormemente corruptos, Mobutu en Zaire y Suharto en Indonesia, pero Indonesia ha crecido de manera incluyente desde hace décadas, mientras que la República Democrática del Congo sigue siendo tremendamente pobre. Para encontrar una explicación a estos dos caminos hacia el desarrollo, es necesario ir más allá de la corrupción.

Sin embargo, vivir aquí en Kenia me recuerda que la corrupción sigue siendo un elemento extremadamente importante en la lucha contra la pobreza y la desigualdad y es muy importante que entendamos la relación entre ambos, la cual ocurre de dos formas. La corrupción incrementa la desigualdad y la desigualdad genera corrupción. Por otro lado, las élites adineradas utilizan su poder para crear condiciones favorables en el gobierno para ellos, aumentando aun más sus riquezas y creando un círculo vicioso que incrementa la brecha entre los ricos y los pobres.

La corrupción en sí misma impacta la desigualdad de diferentes formas. A niveles básicos, los más pobres tienden a pagar más sobornos. En México, un estudio encontró que la policía tiende a exigir más sobornos de los pobres, pues los ricos pueden tomar represalias. Los sobornos representan una proporción mucho mayor en los salarios de los más pobres, así que funcionan de manera similar a los impuestos regresivos. Por ejemplo, en Paraguay pagan el 12.6% de sus salarios en sobornos, mientras que los hogares con mayores ingresos pagan 6.4%.

Las mujeres tienden a tener menos poder y voz para exigir que sus gobiernos rindan cuentas, por lo que son blancos más fáciles de corrupción. Por otro lado, es más común que las mujeres identifiquen los impactos negativos de la corrupción. Probablemente, el mayor impacto en la desigualdad y en la pobreza es la corrupción a gran escala, el saqueo de recursos estatales y la influencia organizada de las elites en las acciones del gobierno. Esto tiene un impacto en los ingresos y los gastos del gobierno.

Esta corrupción a gran escala muchas veces es fomentada por actores de países ricos o por regulaciones en estos países que permiten hacerse de la vista gorda frente a las grandes cantidades de dinero que se canalizan de países pobres a los ricos. Recuerdo bien a un académico de la India que un día conocí y me decía que estaba cansado del índice de Transparencia Internacional que pinta a la corrupción como un problema de los países más pobres, gritando “¡para mí, Suiza es la nación más corrupta del mundo!” Yo agregaría que la ciudad de Londres le sigue muy de cerca.

La corrupción a gran escala puede tener impactos muy significativos en los ingresos fiscales. Los ricos usan sus influencias para asegurarse que sus empresas paguen la menor cantidad de impuestos posible y el sistema global de paraísos fiscales lo facilita. Esto puede ocurrir a través de “corrupción legal”, como el uso de legiones de cabildeo en el mundo corporativo de Estados Unidos o los sobornos que se pagan a funcionarios fiscales. Esta evasión de impuestos no solamente enriquece a los más ricos e incrementa la desigualdad, sino que además reduce los ingresos de los gobiernos.

Los gastos públicos también se ven afectados al elegir proyectos equivocados por razones equivocadas y a personas equivocadas para liderarlos, todo a causa de la corrupción. En consecuencia, el costo de los proyectos se infla, incrementando los gastos del gobierno y sus deudas.

Con pérdidas de ingresos, los gobiernos se ven obligados a recurrir a impuestos indirectos como el IVA, incrementando la desigualdad aun más.

Finalmente, el agotamiento legal e ilegal de los recursos estatales por vía de la corrupción implica que hay menos dinero disponible para los servicios públicos de educación, salud y otros. En la República Dominicana, Oxfam y sus socios demostraron que la corrupción le costaba al país lo suficiente para duplicar el presupuesto de salud.

El debilitamiento de los servicios públicos implica que muchas veces se tiene que recurrir a pagos por los pobres. Esto puede darse a través de medios legales como pagos por salud o ilegales como maestros que venden papel. Al ser las principales cuidadoras de las familias, las mujeres dependen más directamente de los servicios públicos, por lo que están más expuestas a la corrupción de los servicios públicos. Además, ellas en general tienen menos acceso a alternativas privadas, por lo que la corrupción les afecta más en la calidad y calidad de servicios públicos.

La lucha contra la corrupción, sobre todo a gran escala, es clave para asegurar que tengamos ingresos para los servicios públicos y sociedades más equitativas.

Authors: Max Lawson
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