Por qué género, por qué ahora

A sus 83 años, mi madre está llena de vida. Como parte de sus recuerdos de vida, nos cuenta que siempre quiso ser abogada pero no pudo. Cuando era joven, en mi estado natal Bihar, el más pobre de India, había demasiadas barreras en el sistema educativo y en las normas culturales que evitaban que pudiera lograr su sueño. Mi madre hubiera sido una gran abogada: enérgica y con argumentos maravillosos. Siempre he percibido el vacío que ella siente por no haber alcanzado su potencial.

 

Ésta es la historia de millones de personas. Desafortunadamente, a pesar de que en recientes décadas hemos logrado avances significativos, las mujeres y las niñas, desde su nacimiento, siguen enfrentando enormes desventajas. Desde la falta de dinero para pagar la colegiatura, los uniformes o útiles hasta la violencia de género y el matrimonio forzado a edades tempranas, las niñas enfrentan barreras sistemáticas y discriminación institucional. Según la UNESCO, actualmente al menos 130 millones de niñas que deberían estar en la escuela no lo están. Este patrón continuará durante toda su vida: sus voces no serán escuchadas y sus oportunidades se verán bloqueadas. Esta situación tiene consecuencias a nivel individual, como el caso de mi madre, pero también es trágica para toda la comunidad.

 

La evidencia es abrumadora: invertir en las mujeres genera retornos significativos para la sociedad. Los salarios de las mujeres aumentan entre 10 y 20% por cada año de primaria que cursan y ellas invierten 98% de ello en su familia, según datos del Consejo de Relaciones Exteriores y del Banco Mundial, respectivamente. Además, según la UNESCO, los niños de madres alfabetizadas tienen 50% más probabilidad de cumplir los 5 años.

 

Sin embargo, a pesar de estos resultados positivos, las asimetrías de poder y normas sociales represivas evitan lograr estos objetivos y las mujeres siguen siendo marginadas. Al ritmo actual, según el World Economic Forum, pasarán 108 años antes de lograr cerrar la brecha global de género en el poder político y 202 años para cerrar la brecha salarial.

 

Sin la perspectiva, experiencia y conocimientos de las mujeres, las decisiones suelen tomarse por grupos de élite, alejados de la realidad. Todo – desde cómo utilizamos los recursos naturales, hasta dónde se priorizan los servicios de salud y los beneficiarios de contratos – se sesga.

 

Como director ejecutivo de la Alianza para el Gobierno Abierto (OGP por sus siglas en inglés), lidero a una organización que reúne a 99 gobiernos nacionales y locales y a miles de organizaciones de la sociedad civil que trabajan para ayudar a los gobiernos a servir a sus ciudadanos y no a sí mismos. Abordamos grandes retos, desde la protección del espacio cívico hasta la lucha contra la corrupción y la mejora de los servicios públicos.

 

Nuestra alianza es una idea muy audaz. Una idea que le quita el poder a las trastiendas y lo lleva directamente a las manos de los reformadores, dentro y fuera de los gobiernos. Juntos, éstos crean planes de acción que contienen compromisos que buscan lograr cambios reales.

 

Nuestra alianza se fortalece con la inclusión de muchas voces. Sin embargo, como muchos otros, no logramos cumplir las expectativas de género e inclusión. De los más de 3,000 compromisos que se han hecho hasta la fecha, solamente 54 – menos del 2% - mencionan al tema de género o toman en cuenta la forma en la que los servicios de gobierno afectan a las mujeres y a los hombres de forma diferenciada.

 

En el último año, hemos trabajado con IDRC, R4D y el Gobierno de Canadá en la iniciativa Gobierno Abierto Feminista, un esfuerzos de investigación que busca comprender cómo y en dónde podemos fortalecer la participación de las mujeres en OGP, llevando a compromisos de género más ambiciosos.

 

Esta iniciativa nos ha llevado a establecer un objetivo realista para 2019. Estamos pidiendo que al menos 30% de los miembros de OGP tomen acción transformadora con respecto al tema de género en 2019. Existen diversas formas en las que los miembros pueden participar para alcanzar este objetivo.

 

Primero, debemos trabajar en asegurar que los grupos de mujeres participen en el proceso de cocreación de OGP, el cual representa el fundamento de los planes de acción. Algunos ejemplos de sitios donde esto ya ha iniciado son Afganistán, Argentina, Costa Rica y Colombia. Para empezar, nos debemos asegurar de que se está incorporando la experiencia de los ministerios e instituciones de mujeres y género en todos nuestros planes de acción.

 

Segundo, necesitamos establecer más compromisos de género en los planes de acción. Algunos ejemplos de ello son Sri Lanka, que utilizó el proceso de OGP para implementar las metas de la Convención para la Eliminación de todas las Formas de contra la Mujer (CETFDCM), incluyendo la aplicación de una cuota obligatoria de 25% de participación de las mujeres en el gobierno local. Brasil, por su parte, como parte del proceso de OGP, desarrolló un sistema único de datos de violencia contra las mujeres. Alemania está aprovechando su plan de acción para monitorear el estado de las mujeres y los hombres en posiciones de liderazgo, tanto en el sector público como en el privado.

 

Tercero, debemos transversalizar el género en todos nuestros planes de acción. En su más reciente plan de acción, el Gobierno de Canadá revisó todos sus compromisos para evaluar de qué forma las políticas públicas impactan a las mujeres y a otros grupos que buscan la equidad. Costa de Marfil está utilizando el proceso de OGP para involucrar a los grupos de mujeres para participar en los presupuestos participativos. El Gobierno de Bojonegoro, Indonesia ha capacitado a mujeres para reunir datos de género sobre servicios públicos. En Liberia la participación de las mujeres en el mapeo de tierras les ha permitido proteger a sus comunidades. En Nigeria, la sociedad civil está monitoreando en qué medida los niños y las niñas están recibiendo programas de alimentación escolar.

 

Cerrar las brechas de género es fundamental para el crecimiento, éxito y sostenibilidad de nuestra organización. Además, es esencial que todos los ciudadanos, no solo para la mitad de ellos, tenga acceso a la información, derecho a la participación, a los servicios públicos y la posibilidad de lograr todo su potencial.

Mi madre nunca cumplió sus sueños. Hoy, podemos trabajar juntos para asegurar que todas las niñas puedan ser las doctoras, abogadas, maestras, constructoras de paz y presidentas que el mundo tanto necesita.

 
Authors: Sanjay Pradhan
Topics: Gender
Filed Under: Impact