¿Por qué insistir?: Construyendo espacios de confianza

“¿Qué pasa en Perú? De ser la estrella de la Alianza para el Gobierno Abierto (AGA), un ejemplo de trabajo entre gobierno y sociedad civil en la región, ha pasado a ser una sombra, con evidente discordancia entre las partes”, fue la pregunta directa y concisa que me hizo un colega que solía trabajar en un organismo multilateral en el último Encuentro Regional de las Américas de la Alianza para el Gobierno Abierto en Buenos Aires. No fue el único, otros miembros de la sociedad civil con quienes hemos compartido ya varias reuniones de la AGA hicieron lo propio.

 

Cuando en el 2012 Perú se incorporó a la AGA, fue un momento que a toda luz traía consigo una mezcla de novedad, de energías recargadas, pero sobre todo de entusiasmo ante la apertura de un nuevo espacio de diálogo - cerrado por muchos años - entre sociedad civil y un nuevo gobierno para tratar temas de transparencia, de participación ciudadana y rendición de cuentas. En el proceso, ambas partes aprendieron las nuevas etiquetas para viejos conceptos, con la inclusión de nuevas tecnologías para ayudar a resolver viejos problemas. Contar con un Primer Plan de Acción fue el proceso que ayudó al diálogo y también a poner metas conjuntas. Pasado este primer momento, el mantenimiento de este espacio de diálogo y la construcción de un Segundo Plan de Acción se enfrentaron a un doble desafío: el incremento de las demandas de la sociedad civil frente a los cambios al interior del gobierno, en donde el AGA y sus temas fueron perdiendo en importancia. Para el 2016, la entrada de un nuevo gobierno trajo consigo la esperanza de volver a impulsar el espacio de diálogo, pero lo cierto es que el clima de desconfianza entre los actores se mantiene, a pesar de las buenas intenciones y el trabajo desarrollado por el gobierno para sacar adelante un Tercer Plan de Acción.

 

 

Entonces, ¿vale la pena? Para los gobiernos, el AGA se vuelve el lugar ideal para manifestar sus avances y logros, algunos con mucho mérito mientras que otros disimulan la verdadera realidad de opacidad y verticalidad en las decisiones. Para las organizaciones de la sociedad civil el AGA genera un ambiente que posibilita el aprendizaje y la cocreación pero también el control y la demanda de derechos a sus gobiernos. El común denominador es que la situación que comparten la mayor parte de los países es pendular, entre la colaboración y la confrontación, propio de esto tiempos, en donde la confianza entre las partes es frágil.

 

 

¿Por qué insistir entonces? En primer lugar, creo que AGA es ese lugar donde se deben manifestar estas tensiones, justamente porque visibilizarlas nos permitirá trabajar en ellas. Ignorar que existen razones para pensar o hacer distinto sólo bloquea la posibilidad de construir. Y, en segundo lugar, porque son pocos los espacios en donde los gobiernos y las organizaciones de la sociedad civil pueden hablar en el mismo cuarto, sin generar espacios paralelos porque se teme a la confrontación.

 

 

Con todo, este último Encuentro Regional me generó algunas reflexiones para construir espacios de confianza, aquí algunos de una larga lista que podríamos seguir alimentando con los participantes:

 

  1. El espacio de diálogo es más importante que el Plan de Acción. Muchos gobiernos se esfuerzan por cumplir con la metodología y los calendarios establecidos para la construcción del Plan de Acción, cuando lo más importante es generar y construir un espacio de diálogo con la sociedad civil. Por otro lado, las organizaciones de la sociedad civil acuden desconfiadas, o no acuden al llamado de los gobiernos porque temen ser utilizadas, perdiendo la oportunidad de manifestar sus diferencias y/o colaborar en la construcción de esa confianza. El Plan es un medio, el espacio de diálogo debe ser el fin.

  2. El Plan de acción es un mínimo. Debemos empezar a entender que el Plan de Acción es un mínimo, y que describe aquello en lo que existe acuerdo frente a los grandes desacuerdos entre los gobiernos y las organizaciones de la sociedad civil. Tener un Plan de Acción no es un aval o una certificación de la sociedad civil respecto a las acciones del gobierno, tampoco califica a un país como transparente o inclusivo.

  3. No existe sociedad civil homogénea. Es un error pensar que la sociedad civil es jerárquica y homogénea como lo es la burocracia estatal, y que funciona de manera similar en cada uno de los países. Las organizaciones de la sociedad civil son altamente heterogéneas, cambiantes, orgánicas, con ciclos de vida largos o efímeros, los movimientos sociales pueden surgir tan pronto y veloz como las redes sociales lo permitan. Los gobiernos deben entender que las organizaciones de la sociedad civil representan sólo la punta de iceberg de la gran masa de ciudadanos y ciudadanas, organizados o no organizados, que existe. Por tanto, que algunas organizaciones hayan participado en el diseño del Plan de Acción no significa contar con todas las voces. Y es responsabilidad de los gobiernos y sobre todo de la sociedad civil más familiarizada con la AGA, generar las redes necesarias para que, a pesar de la heterogeneidad, se conozcan y practiquen los principios de gobierno abierto.

  4. Abrir el espacio: Los espacios de diálogo deben abrirse cada vez más a otros actores. Con el paso del tiempo veo cada vez menos participación de las empresas y sólo unas pocas veces he visto a algunos miembros de los parlamentos. Los partidos políticos están ausentes, así como los representantes de las distintas iglesias y credos – al menos no los he visto esta vez. Puede ser un tema de presupuestos de viaje, pero también un tema de cómo deseamos que los principios de gobierno abierto se diseminen y qué estrategias debemos establecer para conducir el encuentro con otros.

¿Qué pasa en Perú? - respondo a mi colega – creo que el gobierno y las organizaciones de la sociedad civil hemos aprendido, y que abrazamos la oportunidad de construir sobre nuestras diferencias una nueva etapa. No pierdo la confianza y asumo el desafío.

 

 
Authors: Caroline Gibu